No debo asustarme
Me cuenta una madre que a su hijo le han castigado en el Colegio haciéndole copiar cien veces una frase. Creí que esos castigos se habían terminado porque, a lo largo de los años, han ido dejando una estela de fracaso, de rabia y de dolor. ¿Qué nos hace persistir en ellos cuando se ha comprobado hasta la saciedad su inutilidad y sus perjuicios?See it on Scoop.it, via TIC & Educación
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Fuente: Tic&Educación
